09:15

Jumpo intenta armar un churro en medio del viaje, en plena ruta. Imagino que como tengo la ventanilla baja se va a terminar volando todo y me van a re putear. Coca se ríe fuerte mientras trata de sacar unas polaroids ruteras. Así vamos por el Acceso Norte: un poco aturdidos, algo inestables, curiosamente felices.

if god gave the power to seeeeense beauty
why does he condamm me to such a hideous life
ohhhh ohh ohhhhhhhhh

Mi decisión de no volver a drogarme causa conmoción. Es un escándalo al pedo porque no significa más que el deseo de no volver a la vida descontrolada de tomar una botella de ron por noche, fumar siete porros más un ácido y tener un trip aterrador.

—Prometémelo —pide H.
—Te lo prometo. No quiero más derrape. Eso no implica que si tengo ganas de porro, me fume uno, ponele… lo que no quiero es seguir matándome.
—Trágica.
—Boludo.

(Depende en el barco en el que se encuentre, Sartelli puede tener camarote o estar en la fosa común, donde cada uno tiene su cucheta pero comparten el ambiente. Ellos lo llaman “barrio chino” o “pabellón carcelario” pero lo que más rankea es “barrio chino”. Y allí, él pega sus acuarelas con sus millones de Cóuks. La más hermosa de todas, es una en la que ella está con una remera con la cara de Macaulay Culkin. Se la ve perfecta, desafiante. Un poco herida de muerte pero con una luz sublime que la vuelve más peligrosa que nunca).

3.

 

Cocaland me viene a buscar y se encuentra con un panorama casi aterrador: mi hermano y yo estamos tan borrachos, que prácticamente no nos podemos poner de pie. H insiste en que yo lo emborraché y ahora él no puede hablar ni caminar. Por allí encontró una taza muy ridícula de Winnie Pooh y anda con ella llena de ron. Para mí eso es poco serio. Le exijo que la devuelva y se niega.
—Me gusta esta taza, me da poder —grita.

Lamentable. Estados lamentables que nos unen. Trato de levantarme pero de la risa que me provoca la situación, me voy al piso. Y allí quedo, riendo sin parar.

—Meibel, un poco de colaboración para con el pueblo tucumano. Tenés que hacer fotos, lo prometiste.
¿Sacar fotos así? ¿Quién puede sacar fotos así?

La señorita Coca busca en su cartera un espejito y un lápiz labial. Se pinta la boca de rojo intenso, rojo darioargento y luego se borronea lo pintado. Así posa para mí, para animarme a salir a fotografiar a la concurrencia del #chelsea.
Y como si fuera poco todo aquello, me confiesa que en ese cuarto donde estamos ahora, el 204, es en donde se junta Rubber Johnny a tocar los nuevos temas. Allí estrenaron la canción de Felipe Druid “(she dances with her) eyes closed”.

She’s dancing barefoot with a cat in her hand 
a shot of whiskey in the other
closing her eyes and shaking her curls
she’s dreaming of her black & white lover

 

13:30
No sé por dónde estamos. A pesar de haber viajado por más de seis meses a mardelplata casi todos los fines de semana, sigo sin reconocer el camino. Me desperezo como puedo y miro de reojo a mi acompañante. Está leyendo el mismo libro que yo tengo entre mis manos. Y está marcando la misma frase que yo subrayé la primera vez que lo leí: “Estoy harta de que la gente me caiga bien solamente. Quisiera conocer a alguien a quien pudiera respetar…” Salinger es algo sagrado y que ella estuviera compartiendo ese instante religioso conmigo, nos acercó aunque ni siquiera nos hubiésemos dicho “hola”.

23:15

Para cuando llegan al #chelsea Coca, Pilu, Lamagda y H, yo continúo sin suerte. He decidido hacerle el cuestionario Proust a Chapa y la única respuesta que obtengo es una risa narcótica. Por momentos me siento tan incomprendida,  flotando en algo que nunca se revela. Todos allí son artistas y lo mío a penas son aspiraciones absurdas de escritora sin rumbo y fotógrafa desenfocada.

La señorita Coca, en toda su grandeza de artista completa, me abraza, trata de animarme: “Meibel, soltemos una risa rabiosa. Pintemos un mural… Hagamos poesía”. No voy a compadecerme, claro. Aunque no encontrar el destino es una verdadera cagada.

6.

No estoy dormida, sólo dialogo con mi otro yo. Le planteo cosas, ideas. Somos él y yo a puertas cerradas.

“Es absurdo darse cuenta cómo dejamos escapar cosas con tanta impunidad, como si la vida estuviera hecha de oportunidades, una detrás de la otra. Podemos defender algo tan pequeño como una serie de televisión que nos fascina aunque sea la más estúpida del mundo pero a la hora de defender lo que realmente queremos, todo se pone confuso, malhumorado y lo mandamos a cagar, porque es lo más fácil. Y hay algo que también es real: no todos estamos preparados para enfrentarnos a esa vorágine imparable que implica ser feliz. Y cuando digo feliz, no hablo de esa idea “rosa” de telenovela… hablo de poner la cara y hacerse cargo de lo que venga…”

1.

Don’t let me make the same mistake again
Don’t let me make the same mistake again

(Moby)

 

 

 

 

 

8 de abril

(terminal de ómnibus de Mar del Plata)

“Cuando Patricio y yo nos conocimos, mis hermanos que tienen amigos en General Acha, mandaron a preguntar por él. Querían asegurarse que no me iba a lastimar, que era un buen tipo. Recuerdo haberme puesto furiosa, porque en un punto, me sentí como una estúpida a la que todos tienen que estar cuidando para evitar que se quiebre. Como si ninguno pudiera confiar en mi instinto, carajo”.

Estuve dos horas sacando fotos en ese lugar, tan ajeno para mí, tan distante… porque lo cierto, es que nada tiene que ver con mis visitas a mardelplata ni con la cercanía que yo percibía meses atrás. Odio la nueva terminal. Y si acaso tuviera que definir lo que  me provoca, podría decir que es lo más parecido a un hospital que he visto en toda mi vida. Tan fría, enorme, sin vida. Cuando Cóuk vuelve del baño, yo todavía estoy con la mirada perdida, la cámara sobre la mesa y mi corazón latiendo desquiciado.

—Inspiraste la obra de artistas talentosos como Rocamadour o Albert Ruso —comenta Cocaland, totalmente acomodada en su asiento—. Sebastián Vigo, el dramaturgo, escribió un personaje basado en vos. Estás en un comic de Leandro Prieto, Martín Furlong te dedicó “Los cuentos de Mabel”… ¿Eso no te hace sentir bien?
—Wow, impresiona todo eso así, dicho de ese modo y claro que me hace sentir muy bien, soy agradecida pero no puedo dejar de pensar que a Patricio sólo le inspiré un cruel telegrama. Y yo a él, lo amaba.
—Un día, tal vez pronto, no lo sabemos, vas a poder re-volver a Mardelplata. Y será como volver y disparar.
—¿Decís que ese momento será como volver y gritar: Bang Bang, estás muerto? Digo, eso de re/volver…
Ella suelta una risa extraña, amigable y afirma con la cabeza.
—Como el ruido de algo que jamás podría tener ruido. La resonancia te puede matar o no, depende de la puntería. Y vos tenés buena puntería, pasa que te tocó mal tiempo. Mucha niebla.

Después de la fiesta
no hay nada para mirar
después de la fiesta
no hay nada. Nada.

Estoy con los ojos cerrados, tirada sobre el pasto. Me siento flotar sobre una humedad inconsistente, deseando que ya no haya más lugar para la resaca y el ahogo. Quiero gritarlo todo, llorarlo todo. Es como estar averiguando recién ahora quien soy. Y no me importa, sólo quiero que esto que siento pase pronto.
A mi lado están H (con la toga color vino puesta), Jumpo, Lacarla, Rocamadour y Cocaland. Nadie dice nada. Sólo se escucha la voz de Fabián Deschamps saliendo de nuestra camioneta. Deschamps es ese cantante (cruza extraña entre Bochatón y Lou Reed) que descubrimos una noche en el #chelsea y del que podría haberme enamorado.

Estamos en Rosario esperando para ir a la feria de las colectividades. Las chicas toman helado. Jumpo y H comen papas fritas y Rocamadour camina descalzo por allí. “que la lluvia limpie este deseo…” Parece que en algún momento, entre la melancolía y el whisqui, grité que quería irme de Buenos Aires, que me sacaran de todo ese aturdimiento y del no saber, escapar de ahí por unas horas. Y acá estamos… después de la fiesta, no queda nada para mirar.

Donde estuve anoche
Ya no lo recordaré
Porque huele a sudor
Y a placer…
Y polvos.
Un taxi amarillo
Que me lleve
Que me saque de este lugar
Que me lleve en los brazos del viento

Y entonces la otra gente. Ese lugar. La nostalgia de los colores. Y la calma que llega cuando la tarde va cayendo. Nosotros somos los mismos que llegamos horas atrás, con olor a porro en la ropa. Y al mismo tiempo… todo esto.
Voy abrazada a Rocamadour porque casi no puedo caminar. Jumpo me ofrece gotitas. Sé que ya me las dieron antes, cuando el dolor del pie era casi insoportable. Y la morfina y su efecto en mí y lo que vino después.

22:30

La palabra “exterminio” me aterra, sin embargo Jumpo la está usando en este mismo momento. Toma un trago de cerveza y dice:
—Hay que exterminar a los ex novios.
Yo pienso que él también es un ex novio de alguna chica que ahora mismo está sufriendo. Además, no me parece justo ni el término ni la reacción porque además de no ser vengativa, hoy estoy particularmente amable con todos. No quiero que nadie muera ni sufra ni vaya por allí pidiendo que le quiten aquello que no puede olvidar. (Ni quiere).
—No quiero exterminar a Patricio, sólo quiero no sentirme tan horrible por la carta que le mandé. Fui odiosa y yo no suelo ser odiosa. Tampoco pelotuda.
Afuera se avecina un temporal. El cielo está de un color imposible de definir. Hay viento y entran papelitos por la ventana. Me pongo de pie y miro hacia afuera: la gente va como perdida, buscando un refugio por aquella calle oscura y poco concurrida. Entonces se cuela un gato naranja en la habitación. Se acerca ronroneante y yo lo acaricio. Es algo arisco pero rápidamente se hace amigo. Jumpo lo conoce, es el gato del hostel y se llama: “Chalita”. Ponemos un disco de Yo la tengo y nos quedamos en silencio por un rato. Pensando en letras, sánguches de ternera, en una vida distinta, en los autos que pasan esporádicamente y que no vemos.
—Dentro de poco ni te vas a acordar —dice Jumpo.
—Eso dice la letra, no? Algo así como que los que te quieren se quedarán hasta que no quede ni una lágrima en tus ojos… And you won’t even remember this for long…
—Te lo estoy diciendo yo. Me importa un pingo la letra, pero si es así, está muy bien.

11:00

Estamos tirados en una playa de Camet hablando de todo eso que tiene que ver con Patricio y de otras cosas como Racing y esa puta mala racha o la fiesta de esta noche, luego del show de Estelares y Rubber Johnny.

—Quiero que me digas qué mierda te pasa, pendejo.

—Nada. No puedo decirte nada.

—Me tenés podrida. Nunca podés decir nada, nunca podés contar nada. ¿Quién carajo te pensás que sos? Y ya no da para que te extorsione como cuando eras chico, ¿entendés?
En eso vemos algo que nos sacude. Que escapa de todo entendimiento. Coca y Jumpo se están besando casi como en una película porno. Bueno, no tan porno sino porno soft. La cuestión es que hay una parte de la historia que nos perdimos. Y yo tengo muchas preguntas para hacer aunque ahora que lo pienso, el Pilu casi nunca está con nosotros y ellos dos ya casi nunca salen juntos… Tal vez estuve tan drogada todo este tiempo que no escuché a mi amiga hablar de sus problemas amorosos. ¿Puedo haber sido tan egoísta?

H vocifera algunas cosas sobre  que todo este viaje se está yendo a la mierda pero yo casi no puedo escucharlo. Sólo puedo mirar. Me siento asquerosamente vouyerista. Agarro mi cámara y los empiezo a fotografiar.

Follow

Get every new post delivered to your Inbox.